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Cuando el clima te empuja a huir.

"En Kenia, el cambio climático ha borrado las estaciones. Las sequias son cada vez más largas y devastadoras y millones de personas no tienen tiempo ni recursos para recuperarse. Tras una de las peores en décadas, miles de familias se han quedado sin agua, alimentos y sin fuerzas, y muchos niños y niñas ya no pueden ni ir a la escuela.  Etoo, director de una escuela en Turkana, lo ha visto de cerca: sus aulas se vaciaron. Los pocos niños y niñas que acudían, después de caminar durante horas buscando agua, llegaban hambrientos y sin energías para aprender." Así comienza la última carta que he recibido de Intermón Oxfam, una vez más solicitando apoyo. El cambio climático, un fenómeno global que durante años se abordó en términos casi exclusivamente científicos, ha dejado de ser una cuestión abstracta para convertirse en una amenaza directa sobre la vida de las personas. Hoy, sus efectos se manifiestan a través de desastres y shocks climáticos cada vez más extremos —riadas, ...

Más allá de los números.


Existe una metáfora que se utiliza mucho en sociología y economía, y que en los últimos años ha ido ganando cada vez más “atención”: el ascensor social. Subir, bajar, quedarse en la misma planta. Se habla de movilidad, de oportunidades, de esfuerzo. Pero pocas veces se habla de que:

No todo el mundo empieza en la misma planta.
No todo el mundo tiene ascensor.
Y, a veces, directamente, el ascensor no para donde vives.

Me he pasado los últimos cinco años de mi vida investigando la desigualdad, en concreto, ese llamado ascensor social. He estudiado cómo el origen familiar, el lugar donde naces o el entorno socioeconómico en el que creces pueden marcar —con más fuerza de la que pensamos— la dirección de tu vida. Y, sin embargo, me sigue sorprendiendo cuán invisibles pueden ser esas desigualdades cuando se presentan como “decisiones personales”, “falta de mérito” o “falta de esfuerzo”.

No escribo este blog para resumir artículos científicos ni para convencer a nadie de que los datos dicen lo que yo quiero que digan. Escribo porque hay cosas que no caben en un gráfico. Porque detrás de cada cifra y cada dato hay una vida. Porque a veces, los datos, son mucho más que meros números.

Este blog será un espacio para pensar. Para compartir historias, preguntas, intuiciones. Para hablar de brechas que no siempre se miden, pero sí importan. Y para escribir con libertad, desde la experiencia de quien ha pasado muchas horas mirando datos, y muchas más pensando lo que muchos se niegan a admitir.